Pongamos que hablo del ayer.

­Supongo que cuando a mis padres les decían que yo estaba mal criada y consentida de forma burlona, y se reían mis tíos jamás pensaban que la cosa iba a desembocar a donde luego desemboco.   Mi primer ingreso lo tuve siendo menor de edad, con tan solo quince años, y la cosa se alargoSigue leyendo “Pongamos que hablo del ayer.”